Cómo ayudar a los niños a enfrentar la muerte

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Cuando se muere un ser amado

 

  • Si en una familia fallece el padre, la madre, uno de los abuelos cercanos o un hermano-a, las siguientes pautas le ayudarán a manejar la situación del niño-a en la forma más saludable.

  • Infórmele en lenguaje claro y comprensible lo que pasó, no  una sino varias veces, hasta que él pueda asimilar los hechos.

  • Emplee la palabra “muerte” y no la asocie con el sueño, una enfermedad (sin especificar que es grave), un viaje o designios de Dios que involucren premio o castigo.

  • Ayúdelo a comprender la muerte y el duelo; que las pérdidas son partes tristes e inevitables de la vida, que los sentimientos de tristeza, rabia y desprotección son temporales, y cuáles son las reacciones esperadas cuando alguien se muere.

  • Explíquele que las lágrimas son una manifestación normal en momentos de dolor y que en épocas de duelo los adultos suelen ponerse irritables, confundidos y muy cansados. Escúchelo, escúchelo.

  • Óigalo con los ojos, los oídos y corazón.

  • Pregúntele varias veces: Qué pasó, quién te contó, dime más, cómo te sientes, que fue lo que viste, etc., sin corregir ni juzgar sus respuestas.

  • Póngale mucha atención.

  • Dedíquele un tiempo en medio del caos, haga que se sienta importante. Su presencia es el regalo más valioso para él. No se le “pierda”.

  • Dígale que lo quiere, que no estará solo, que lo cuidará, que cuente con Ud. Fomente el juego, pues a través de esa actividad es como el niño afronta y elabora situaciones difíciles.

  • Facilítele tierra, plastilina, colores, arena, una almohada para golpear si está muy bravo, o un “punching ball” para sacar sus emociones.

  • Proteja la privacidad cuanto pueda y defienda ciertas rutinas como acompañarlo a dormir, comer juntos, arruncharse, etc. Que el desorden o las visitas no le alteren totalmente su orden y sus hábitos.

  • Así mismo respétele su privacidad y si él lo quiere así, déjelo a ratos solo.

  • Facilite la expresión de sentimientos, ayudándole a ponerle nombre a lo que siente. Muéstrele que sentir rabia, miedo, tristeza, no es ni malo ni bueno, es natural, y que compartirlo con alguien nos hace sentir menos solos y menos asustados.

  • El contacto físico ayuda mucho.

  • Abrácelo, acérquese, tóquelo pero siempre respetando los límites que le hagan sentir cómodo con las caricias.

  • Los rituales para conmemorar son muy útiles: sembrar un árbol, ratos para recordar, escribir una carta a quien murió, hacer un álbum de recuerdos, encender una velita.

Tomado del libro "El Duelo en los niños de Isa Fonnegra de Jaramillo"