El duelo es “la reacción que sigue a una experiencia de pérdida”. Es un proceso y no un estado. Cuando perdemos un hijo, lo que sigue es devastador. Nuestro mundo interior se vuelve pedazos, así como nuestros sueños.
Las reacciones son distintas para cada papá o mamá, pero de todas maneras para cada uno es una experiencia muy dura y desgastante en la que surgen muchas sensaciones y sentimientos.
Todos estos sentimientos y sensaciones los hemos de vivir y elaborar durante el proceso pasando por cada una de las etapas para que finalmente el vínculo con nuestro hijo que murió no se quede solo en un recuerdo que se añora sino que se convierta en una presencia amorosa que nos acompaña en el alma y en el corazón.



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