Es una Fundación Colombiana sin ánimo de lucro, que brinda apoyo afectivo  y orientación a padres y madres que han perdido hijos a través de grupos de ayuda mutua; son grupos de personas que comparten idénticas  experiencias de vida y se unen para encontrar un sentido a la tragedia que les ha tocado vivir.

Los grupos están conformados por padres que comparten una situación igual: La pérdida de uno o más hijos, sin importar la causa de la muerte, ni la edad. Lo que los une es querer dar y recibir ayuda.

Lazos ofrece a sus miembros un espacio cálido, respetuoso para compartir emociones y vivencias y así transformar su dolor en sentimientos y acciones positivas, rescatando el mensaje de amor que cada hijo(a) dejó a sus padres para trascenderlo a través del apoyo, compañía, escucha, compasión, comprensión, crecimiento personal y espiritual.

Lazos ofrece información confiable acerca del proceso del  duelo ante la muerte de un hijo(a).

Lazos no es un grupo de terapia profesional, ni tiene ideas políticas, ni defiende ninguna causa y/o credo religioso.

 

  • * Creación

La Fundación Lazos fue creada en la ciudad de Bogotá, en el mes de noviembre de 1.995 por insinuación y coordinación de la Psicóloga y Tanatóloga Isa Fonnegra de Jaramillo, quien en su práctica como psicóloga y acompañamiento en duelos, identifica la necesidad de apoyo  para la elaboración del proceso del duelo en una forma diferente.

 Seis parejas de padres que habían tenido contacto profesional con ella a raíz de la muerte de alguno de sus hijos  y con el liderazgo de la doctora Fonnegra, comienzan a construir ésta fundación  basados en la ayuda mutua  y tomando como parámetros los lineamientos del Grupo Renacer de Argentina, creado por Gustavo y Alicia Berti.

En 1.996 se recibe la visita del Doctor Carlos Bianchi, psiquiatra argentino y quien además participaba del grupo Renacer a raíz de la muerte de uno de sus hijos. El doctor ofreció varias conferencias en distintas ciudades del país y fue en ese momento que se hizo el lanzamiento oficial de la Fundación Lazos, convirtiéndose en la primera organización colombiana que presta ayuda y acompañamiento a padres en el proceso del duelo.

Objetivos.

Crear y mantener un espacio para compartir sentimientos y experiencias que ayuden al proceso del duelo y a sanar las heridas abiertas por la pérdida de un hijo(a) sin importar el tiempo transcurrido desde la muerte, para que se beneficien de la ayuda mutua en los grupos.

Ofrecer información confiable, sobre cómo se elabora el proceso del duelo ante la pérdida de un hijo(a)

Rescatar el mensaje de amor que dejaron nuestros hijos, convirtiendo el dolor de su partida en actitudes y acciones positivas que nos permitan crecer y servir a otros.

Promover el crecimiento interior, el auto-cuidado y la sensibilidad ante el dolor ajeno.

Crear un entorno que facilite el crecimiento personal, rescatando el mensaje de amor que cada hijo(a) dejó a sus padres.

Brindar apoyo afectivo y emocional a los padres y madres que han perdido hijos, convirtiéndolos a su vez en cuidadosos escuchas y acompañantes del dolor de otros padres.

Ayudar a reconocer que el duelo no es un estado, sino un proceso en el que cada papá y cada mamá han  de participar activamente para encontrar su nuevo sentido de vida. La recuperación depende y es responsabilidad de cada uno de nosotros.

Aprender a validar los sentimientos de rabia, miedo, ira, resentimiento, culpa, envidia, autocompasión, etc.  Que aparecen ante la muerte de un hijo(a) y que hacen parte del proceso del duelo.

Promover la búsqueda de un nuevo sentido de vida a pesar de todo.

Principios filosóficos.

Cuando nuestros hijos murieron, nosotros cambiamos. No somos los mismos.

El dolor, la nostalgia, la rabia, la sensación de injusticia y de haber sido despojados son válidas durante el proceso de duelo.

Solos no podemos. Necesitamos ayuda.

Nadie puede elaborar el duelo por nosotros, se requiere de esfuerzo personal.

Acudimos a los grupos de ayuda mutua a recordar a nuestros hijos, no a olvidarlos; a veces con una sonrisa, a veces con una lágrima.

Todo dolor compartido es dolor diluido.

Tenemos que seguir viviendo, encontrando un nuevo sentido a nuestra vida.

El proceso de recuperación del duelo tiene que ser lento para que sea eficaz.

Disfrutar, reír, amar no significa que seamos infieles al recuerdo de nuestros hijos. Ellos no partieron dejándonos la orden de sufrir y auto-castigarnos.

Las personas que participamos en grupos de ayuda mutua tomamos la decisión de seguir viviendo.

El proceso de duelo empieza, cuando podemos hablar hacia adelante, hacia el futuro.

No sigamos perdiendo. Quedamos nosotros y nuestros seres queridos.

No somos enfermos. Somos padres y madres que hemos perdido un hijo o una hija.

Cada duelo es único y personal. Está influenciado por la personalidad  de cada uno, la edad del hijo que murió, las circunstancias de su muerte y otras características más, por lo tanto no pueden ser comparables.

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