Estoy profundamente apenada por la muerte de tu hijo, pero me alegró que me llamaras para decírmelo. [Ahora recuerdo quién es. Últimamente la memoria me falla mucho.] Tu pena y desespero me resultan familiares y recuerdo perfectamente cuando pasé por una situación semejante. Y, puedo decirte con absoluta certeza que, aunque ahora te parezca imposible, volverás a sentirte alegre. Podrás mirar hacia atrás y ver la cara de mi hijo, esos pequeños gestos tan suyos, la manera en que le caía el pelo cuando se lo acababa de cepillar; podrás oír su risa y sentirlo cerca sin que se te rompa el corazón.
Pero ese cambio es siempre lento, casi imperceptible, y el tiempo que requiere es a veces difícil de pasar. Es fácil que falle tu fe en la vida, en la felicidad y en el futuro, pero agárrate a la vida, a la gente y a cualquier cosa que pueda ayudarte.
No tienes por qué ser fuerte, lógica, ni sensata, ni ninguna de las cosas que crees que tienes que ser. A mí me fue mejor cuando dejé de luchar contra el dolor y me dejé llevar por él como la ola de un maremoto, que me arrastró hasta que se fue aplacando su furia y me dejó, jadeante pero viva, en el límite de la cordura. Y luego, como sucede con todas las tormentas, fue amainando poco a poco. Las olas rompían cada vez más lejos, y en algún punto, sin darme cuenta, empezó otra vez a merecer la pena vivir la vida.
Mi querida amiga, soy una buena nadadora. Cuando tengas la sensación de que te vas a ahogar en un remolino, cierra los ojos y sentirás que te sostengo en mis brazos, y percibirás mi amor, de un ser humano a otro, el amor de una madre a otra, cruzando el continente para que tu corazón se cure transmitiéndote calidez y consuelo.
Todos los días rezaré para que se alivie tu dolor y te llegue la paz. Sabes que siempre recibimos lo que necesitamos, tanto si queremos como si no. Te llegará. Sigue buscándolo. Está ahí.
Siempre estará disponible para ti, en cualquier momento del día o de la noche y, a pesar de la distancia que nos separa, estamos tan cerca una de la otra como el teléfono o nuestros pensamientos.



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