El duelo como respuesta a la perdida

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Margarita Hoyos Núñez.



Una pérdida es la deprivación de algo o de alguien y por lo tanto origina dolor.

La experiencia de pérdida es parte de la experiencia humana a lo largo de la vida. El sentido y la extensión de la pérdida es percibida de modo diferente por cada persona.

La mayoría de las pérdidas aparecen como negativas para el que las experimenta: la muerte de un ser querido, la pérdida de un empleo, ...

 

 

la pérdida de la pareja, la pérdida de bienes materiales. Sin embargo hay otras pérdidas que suelen pasar desapercibidas y por lo tanto no son validadas: las pérdidas originadas por el crecimiento, los cambios de situación, el nacimiento de un hijo y la pérdida de independencia y libertad, el traslado de casa, de ciudad, el cambio de colegio....... etc.

 

Todo cambio, positivo o negativo, implica una pérdida y la necesidad de hacer un duelo. Además, toda pérdida principal viene acompañada de pérdidas secundarias, y toda pérdida física de otras simbólicas: La muerte del ser querido como pérdida principal, puede generar en el doliente, dependiendo del rol que haya jugado en su vida, pérdida de status, del confidente, de lugar de residencia, de amistades, de relación con otros miembros de la familia, de entorno social.

Estas pérdidas secundarias, no siempre se identifican como tales y pueden causar problemas al originar reacciones que no se identifican y por lo tanto no se validan.

Una pérdida física, tangible que puede tocarse y verse, -como la pérdida del hijo, el robo del carro, el incendio de la casa,- conlleva pérdidas simbólicas abstractas de naturaleza psicosocial.

Una enfermedad grave, origina, además de la pérdida de la salud, pérdida de la autonomía, de las funciones corporales, de la identidad, la intimidad, los contactos sociales, la autoestima y la movilidad.

Y también la pérdida de esperanzas, sueños y expectativas.

La muerte de un ser querido es una pérdida que se diferencia de otras por dos características:

 

  • La intensidad de los sentimientos, de acuerdo con la naturaleza del vínculo.
  • La irreversibilidad y «el para siempre» de la muerte.

 

LOS OBJETIVOS O TAREAS DEL DUELO

Wordon establece cuatro tareas:

  1. Aceptar la realidad de la pérdida, que es el paso más difícil.
  2. Dar expresión a los sentimientos, identificarlos y comprenderlos, para así aceptarlos y encontrar la forma adecuada para canalizarlos e integrarlos.
  3. Adaptarse a la nueva existencia sin el ser querido.
  4. Reinvertir la energía emotiva en nuevas relaciones y afectos para continuar viviendo de manera eficaz.

Muchas personas no realizan estas tareas, o se detienen en alguna de ellas para no concluir el proceso de duelo, lo cual genera dificultades a mediano y largo plazo que impiden la adaptación, el restablecimiento del equilibrio físico y emocional y la vinculación sana con nuevos proyectos de vida.

Pangrazzi cita signos concretos de recuperación:
  • El doliente puede hablar y recordar al ser querido sin dolor.
  • Se ha desprendido de gran parte de los objetos que le pertenecían a quien falleció.
  • La persona muestra señales de recuperación física, respecto a las dolencias que desarrolló en las etapas iniciales del duelo.
  • El doliente retoma progresivamente las actividades que solía realizar.
  • Empieza a disfrutar, se procura cuidados en su salud física y emocional, puede volver a reír (sin ser falsa euforia).
  • Establece nuevas relaciones significativas y acepta los retos de la vida mediante un proyecto de vida.

La vida está sembrada de pequeñas y grandes pérdidas. A pesar de la carga de sufrimiento que originan las pérdidas, el duelo puede transformar una experiencia aparentemente negativa en positiva, por el potencial creativo y de crecimiento que conlleva.

El duelo es tan natural como llorar cuando te lastimas, dormir cuando estás cansado, comer cuando tienes hambre, estornudar cuando te pica la nariz. Es la manera en que la naturaleza sana un corazón roto.