¿Qué hago con sus cosas?

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R: Cuando muere un(a) hijo, sus objetos pasan a ocupar un lugar importante, ya que de alguna manera, representan una extensión de la energía ante la desaparición física.  Es como si a través de sus objetos pudiéramos sentir y encontrar una parte de ellos y en muchos casos nos encontramos abrazando su almohada, oliendo su ropa, poniéndonos sus camisas, sus bufandas, aquel saquito que tanto se ponía, y todo en un intento de sentir que aún está con nosotros.  Mientras vamos aprendiendo a vivir sin su presencia, esos objetos se convierten en tesoros que queremos retener para siempre.  Y en muchas ocasiones, algunos padres dejan todo igual como si ese hijo o hija, fuera a regresar.  Eso puede hacernos daño, pues es una forma de negar una realidad, que aunque dolorosa es real.Cada persona irá descubriendo, qué es lo mejor para sí mismo y el tiempo que necesite para tomar una decisión. Lo que si es válido tener en cuenta es que todo aquello que nos lleve a aferrarnos al dolor, impedirá una sana recuperación.  Sirve mucho y nos ayuda, ir regalando los objetos y pertenencias, ya sea a familiares cercanos que las aprecien y valoren, ya sea a fundaciones o instituciones que se dediquen a ayudar a personas de bajos recursos, niños abandonados o a víctimas de la violencia.  Darle sentido a esa entrega ayudará a aliviar tu dolor. Mucha gente te dirá que salgas de todo, que es mejor que regales todo.  Seguramente querrás quedarte con algo y guardarlo con cariño como recuerdo,  sin el apego ansioso que produce la negación.   Es buena idea hacer un pequeño baúl o una cajita de recuerdos, para darle un lugar a esos recuerdos, que de vez en cuando querrás volver a mirar.

(Margarita, madre de Andrés)

 

R: Las conservamos pero no para hacernos daño sino para recordarla con mucho amor. Espero que el día que estemos listos nos vayamos desprendiendo poco a poco y dándoselo a quienes los necesiten.

(Edgar y Ana María)

 

R: Tómate tu tiempo, no hay mucho afán, pero tendrás que disponer de ellas, pues tu hijo o tu hija, ya no las necesitaran más; si no la haces, se convertirán en un obstáculo en tu nuevo camino, conserva algunas cosas importantes o representativas, pero dale un buen destino a todo lo demás.  Yo poco a poco fui regalando las cosas de mi pequeño hijo a los niños de la unidad de cancerología, y una tarea que parecía dolorosa, se convirtió en una linda experiencia al ver las caritas alegres de los niños que recibían sus regalos… solo guardé su camiseta del uniforme, su juguete favorito (el rey león), su disfraz de Batman y todo su amor en mi corazón.

(Luz Beatriz)

 

R: Nuestros hijos no quedaron en su ropa, en sus juguetes, en sus muebles, en su cuarto... ellos deben quedar en nuestros corazones. Esta pregunta la quiero compartir con mi experiencia, porque no se puede aconsejar nada, cada quien debe disponer de sus cosas en el momento que sienta que así debe ser.A la semana del fallecimiento de mi hijo, cogí sus juguetes, su ropa, su silla, la colcha, el cuadro que le borde, su maleta de viaje... Los dos hermanos escogieron lo que querían tener y los demás juguetes ellos los llevaron y los regalaron a los niños del pabellón de niños terminales de un hospital, primera lección que aprendí, después de la partida de mi hijo, con esos niños que yo sabía que en muy poco tiempo estarían junto a Santiago, pero que recibían con una dulce sonrisa y muy agradecidos esos juguetes, que irían a disfrutar en el poco tiempo que les quedaba de vida.

Las demás pertenencias las lleve a un hogar de niños desamparados, quienes podían terminar de disfrutar esas cosas que mi hijo ya no necesitaba. Mi madre me dijo que cómo se me ocurría salir de las cosas de santiago, yo le contesté: Son cosas que ya no necesita mi hijo y si las utiliza otro niño será la prolongación de mi Santiago. Ya estando en e hogar cuando yo entregaba todas sus pertennecias, mi mamá entendió el sentido de mi decisión. Hoy en día el cuadro que le borde con su nombre se encuentra en la oficina principal del Hogar Helena y Juan de Envigado, Antioquia y los niños de este lugar saben quien es Santiago, acuden a él cuando lo necesitan.  Su nombre perdura en un lugar donde no termina de llegar día a día niños que necesitan de un calor de hogar.

(Briceida)