- Cuando nuestros hijos murieron, nosotros cambiamos. No somos los mismos.
- El dolor, la nostalgia, la rabia, la sensación de injusticia y de haber sido despojados son válidas durante el proceso de duelo.
- Solos no podemos. Necesitamos ayuda.
- Nadie puede elaborar el duelo por nosotros, se requiere de esfuerzo personal.
- Acudimos a los grupos de autoayuda y ayuda mutua a recordar a nuestros hijos, no a olvidarlos; a veces con una sonrisa, a veces con una lágrima.
- Todo dolor compartido es dolor diluido.
- Tenemos que seguir viviendo encontrando un sentido a nuestra vida.
- El proceso de recuperación del duelo tiene que ser lento para que sea eficaz.
- Disfrutar, reír, amar no significa que seamos infieles al recuerdo de nuestros hijos. Ellos no partieron dejándonos la orden de sufrir y auto-castigarnos.
- Las personas que participamos en grupos de autoayuda y ayuda mutua tomamos la decisión de seguir viviendo.
- El proceso de duelo empieza cuando podemos hablar hacia adelante: hacia el futuro.
- No sigamos perdiendo. Quedamos nosotros y nuestros seres queridos.
- No somos enfermos. Somos padres y madres que hemos perdido un hijo o una hija.
- Cada duelo es único y personal. Está influido por la personalidad de cada uno, la edad del hijo o hija que murió, las circunstancias de su muerte y otras características más; por lo tanto no pueden ser comparables.