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El sufrimiento como tarea en el proceso del duelo de Fernando Ramírez, papá de Sebastían.

Reunión Marzo 2026

Tema: El sufrimiento en el proceso del duelo

La pérdida de un hijo o hija produce un dolor profundo e inevitable. El dolor es una respuesta natural al amor y al vínculo; no se elige ni se puede evitar. Sin embargo, el sufrimiento aparece y se intensifica cuando quedamos atrapados en la búsqueda insistente del ¿por qué?, una pregunta que rara vez encuentra respuestas y que, muchas veces, nos ata, nos inmoviliza y prolonga el padecimiento.

Cuando el duelo se centra únicamente en el ¿por qué me pasó esto?, el sufrimiento puede convertirse en una carga que nos amarra al pasado y nos impide avanzar. En ese punto, el dolor deja de ser solo una expresión del amor y comienza a transformarse en un peso que limita la vida.

Resignificar el sufrimiento no significa justificar la pérdida ni minimizar el dolor. Significa reconocer que, aunque no elegimos lo que nos ocurrió, sí podemos elegir la actitud con la que respondemos a ello. Como señala Elisabeth Lukas, si logramos descubrir el sentido oculto del sufrimiento, este puede transformarse en un logro humano. El paso del ¿por qué?_al _¿para qué? abre la posibilidad de encontrar un sentido que no borra la ausencia, pero sí nos permite vivir con mayor libertad, dignidad y propósito.

Como enseñaba Buda, el dolor es natural,  el sufrimiento es opcional. No porque pueda desaparecer por completo, sino porque puede transformarse cuando dejamos de luchar contra la realidad y comenzamos a darle un significado que nos ayude a seguir viviendo.

Comparte en la reunión:

  1. ¿En qué momentos siento que mi sufrimiento aumenta al quedarme atrapado(a) en el ¿por qué¬ de la pérdida de mi hijo(a)?
  2. ¿Qué pensamientos, preguntas o actitudes hacen que el dolor natural se convierta en un sufrimiento más intenso y prolongado?
  3. ¿Qué cambia en mí cuando intento pasar del ¿por qué? al ¿para qué? frente a esta experiencia dolorosa?
  4. Si este sufrimiento pudiera tener un sentido, ¿qué siento que la vida me está pidiendo hoy y qué me está enseñando sobre el amor, la vida o mi misión personal?

 

 

Respuesta a las preguntas propuestas

Soy el papá de Simón y Sebastian. Sebastian falleció hace cuatro años en un accidente mientras realizaba trabajo de campo de investigación en Uganda (Africa). Nos unimos al grupo de Lazos pocas semanas después. Mi experiencia acerca del sufrimiento en el proceso del duelo refleja los aprendizajes que he apropiado a lo largo de estos años.

Una frase que escuché en una de las primeras reuniones de Lazos fue: “el sufrimiento es el dolor sin esperanza”. Este concepto hizo mucho sentido para mí.  Al principio del duelo, el sufrimiento atropella, va y viene caóticamente y pareciera que no tenemos control. Es tan grande el dolor que el sufrimiento parece inevitable. En el sufrimiento los días se vuelven grises, el dolor se hace más intenso, vienen pensamientos repetitivos. El sufrimiento conlleva un desgaste emocional muy fuerte, agotador, paralizante. La esperanza de recuperación se desdibuja y solo queda un sentimiento de sobrevivencia.

Escribo estas palabras justo cuando se cumplen cuatro años de nuestra pérdida. Y puedo decir que he aprendido acerca de la diferencia entre dolor y sufrimiento y nuestra capacidad existencial para tomar una actitud frente a ambos. He avanzado en este camino. Hoy sufro menos que antes, a pesar de que el dolor es el mismo. Pero aún vienen momentos de sufrimiento. Con esto quiero decir que superar el sufrimiento no es un objetivo sino un proceso de aprendizaje.   

En qué momentos siento que mi sufrimiento aumenta? Ha cambiado con el tiempo. He aprendido que cuando me atrapan ciertos pensamientos alejados del “ahora” soy vulnerable al sufrimiento. Por ejemplo, cuando me lamento por lo que pudo haber sido y no será. Pensar en el potencial de vida de Sebastián que se perdió o en lo que dejamos de vivir como familia me causa una tristeza muy grande. Lo mismo cuando imagino nuestro futuro sin Sebastian, y en todo caso lo veo como un futuro ‘incompleto’. También pasa cuando anhelo con intensidad momentos que vivimos, su forma de quererme y expresarme amor. Aunque no me cuestiono el porqué, creo que estos pensamientos muestran lo difícil que es aceptar totalmente su ausencia. El problema radica que en el pasado encontramos una vida a la que emocionalmente estamos atados y añoramos pero que ha cambiado y no regresará; y en el futuro no hay nada diferente a nuestra imaginación. Por eso para mí, volver al “ahora” es como un salvavidas que me rescata del sufrimiento.

En el ‘ahora’ centro mi esfuerzo en vivir el presente con y para las personas que amo: Mariana y Simón. La experiencia de amar nos trasciende. El dolor se integra a la vida y nos reconocemos diferentes, con esperanza, con propósito. Como lo he mencionado en ocasiones anteriores, mi prioridad ha sido hacer todo a mi alcance para ayudarles a ellos en su recuperación. Esta actitud hace que tome distancia de mi propio dolor, y dé significado a mi propio duelo. He aprendido también que, al vivir el presente de esta forma, puedo volver al pasado sin caer en el sufrimiento. Puedo volver a los recuerdos de Sebastian con amor. Hace menos de un mes Mariana me invitó a abrir una pequeña maleta con ropa de Sebastian que ella había guardado por si algún día yo quisiera usarla. Pude hacerlo, con dolor pero sin sufrimiento. Ahora esa ropa está en mi closet, he empezado a usarla y veo en ello un recuerdo cargado de amor y significado.

Sé que vendrán de nuevo momentos de sufrimiento y aprender a superarlos es parte del proceso de duelo. Tengo confianza en que día a día damos pequeños pasos hacia una vida significativa que integra el dolor.

Un abrazo grande para todos,

 

Fernando