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Sobre el tema del agradecimiento Fernando Ramírez papá de Sebastían, nos envia la tarea

Reunión lunes 7 de septiembre, 2026

Tema. El agradecimiento en el proceso de duelo

La muerte de un hijo o una hija nos deja frente a un profundo dolor y puede hacer difícil reconocer aquello que todavía permanece en nuestra vida. Sin embargo, en medio de ese dolor, también podemos ir descubriendo razones para agradecer.

Agradecer no significa olvidar, dejar de sentir dolor ni estar conformes con lo sucedido. Tampoco significa agradecer la muerte. Significa reconocer y valorar aquello bueno que recibimos y que sigue teniendo significado en nuestra vida.

Podemos agradecer el amor compartido, el tiempo vivido con nuestro hijo o hija, las personas que nos han acompañado, los aprendizajes recibidos y aquellas experiencias que hoy forman parte de quienes somos.

La gratitud puede ayudarnos a cambiar poco a poco la mirada: sin negar lo que perdimos, nos permite reconocer también lo que tuvimos, lo que tenemos y lo que podemos seguir ofreciendo a la vida.

Vivir en gratitud es, de alguna manera, devolverle a la vida algo de lo que hemos recibido. Puede expresarse en un abrazo, una sonrisa, una palabra, un gesto de solidaridad o simplemente en un sincero “gracias”.

En nuestro proceso de duelo podemos preguntarnos:

¿Qué razones para agradecer puedo descubrir hoy, aun en medio de mi dolor?

Preguntas para trabajar en el grupo

  1. ¿Qué agradezco de las personas que me han acompañado y sostenido en mi proceso de duelo? ¿Cómo puedo expresarles ese agradecimiento?
  2. Al mirar la vida compartida con mi hijo o hija, ¿qué momentos, enseñanzas, gestos o expresiones de amor agradezco haber vivido?
  3. Después de su muerte, ¿qué personas, experiencias, vínculos o cosas que aún permanecen en mi vida puedo reconocer y valorar con gratitud?
  4. ¿De qué manera puedo transformar el agradecimiento por la vida y el amor de mi hijo o hija en acciones concretas? ¿Hay algo que estoy haciendo, o quisiera comenzar a hacer, como signo de agradecimiento y como una manera de honrar su vida y ofrecer ese amor a los demás?

 

Respuestas a las preguntas propuestas.

Somos Mariana Amaya y Fernando Ramirez, padres de Simón y Sebastián. Sebastián murió hace cuatro años en un accidente mientras hacía trabajo de campo como biólogo en Uganda. Tenía 30 años.

El agradecimiento en el proceso de duelo es algo que demanda actitud de nuestra parte. El dolor y el impacto devastador por la pérdida de nuestro hijo dejo una huella que muchas veces se refleja como una sombra que no nos permite valorar lo que hemos tenido ni apreciar plenamente lo que aún nos ofrece la vida. Además, el duelo es un proceso profundamente solitario, por lo que, el apoyo de nuestras familias y amigos a veces parece diluirse sin impacto evidente a pesar del cariño, generosidad, sinceridad con que se acercan a nosotros.

Sin embargo, a medida que avanzamos en la aceptación y adaptación a la nueva realidad, poco a poco hemos vuelto a reconocer el valor y la importancia que ha tenido la red de afectos a nuestro alrededor. Agradecemos el afecto generoso, el silencio prudente y respeto por nuestro espacio de parte de nuestro círculo más cercano de familia y amigos. Agradecemos las expresiones de amor que permanecen en los amigos y colegas de Sebastián. Agradecemos también por tener en estos años una condición muy favorable en nuestro trabajo en un ambiente propicio para nuestra recuperación. Cuando miramos atrás en estos cuatro años nos hacemos conscientes de lo afortunados que hemos sido de recibir tanto amor y apoyo en el proceso de duelo.

Resumir las experiencias de amor vividas con Sebastián que agradecemos es una tarea casi imposible. Agradecemos toda su existencia, desde el mismo momento que supimos que tendríamos mellizos. La experiencia de amor a través de la vida de nuestros hijos ha sido y será una parte del sustento vital de nuestra existencia. Por eso agradecemos cada momento vivido a su lado. Por dar un ejemplo, las vivencias de su amor y pasión por los animales fueron maravillosas. Desde su decisión a muy temprana edad de dormir varios días en la perrera de la finca para acompañar a su perrita en el parto y luego ayudarle con los cachorros; su extraordinaria capacidad para relacionarse con mascotas, su constante preocupación por animales mal tratados; hasta su decisión de estudiar biología y luego convertirse en un investigador de primates (monos araña y chimpancés). Lo visitamos en un campamento en el Magdalena Medio en Colombia y en Tanzania y lo acompañamos en algunas jornadas de campo escuchando y siguiendo monos y chimpancés. Luego lo visitamos en un laboratorio en Alemania donde estaba analizando el DNA a través de las muestras tomadas en campo. En la recta final de su doctorado estaba probando una hipótesis sobre la selección que hacen las hembras chimpancés para escoger el padre de sus crías.  Irónicamente, fue en ese trabajo donde ocurrió el accidente que le costó la vida. La vida de Sebastián en este aspecto fue una experiencia de amor, pasión, propósito y trabajo.

No tenemos palabras para describir como la experiencia de vida al lado de Sebastián alimentó y marcó nuestra existencia. Agradecemos haber sido sus padres, haberlo rodeado de amor y acompañarlo en su intensa forma de vivir.

Uno de los planes que tenía Sebastián después del doctorado era fomentar y apoyar a que jóvenes biólogos de países en desarrollo con interés en primatología pudieran conectarse y acceder a centros de investigación en las más reconocidas universidades del mundo. Para honrar su memoria creamos, con la generosa contribución de muchos donantes, una beca que entrega anualmente la Sociedad Internacional de Primatología a investigadores de países en desarrollo para apoyo de labores de campo. A la fecha tres estudiantes (Rwanda, México y Bangladesh) han recibido la beca.

Esta reflexión no puede concluir sin nuestro agradecimiento para Lazos que ha sido nuestro flotador en los momentos de tormenta y el espacio seguro donde compartimos y aprendemos.

Un abrazo fraterno para todos,

 

Mariana y Fernando